La imagen es desoladora y, lamentablemente, cotidiana. Cada día, un joven yaracuyano o venezolano pierde la vida o es hospitalizado de gravedad. Detrás de cada cifra hay una familia destruida, un proyecto de vida truncado y una sociedad que normaliza la tragedia.
Un problema multicausal
Esta problemática no es simplemente "falta de respeto a las leyes". Es el síntoma de múltiples fallas estructurales:
Cultural: Hemos normalizado que las normas de tránsito son "sugerencias". El "vivo" que se salta un semáforo o circula en sentido contrario es aplaudido por "listo", cuando en realidad es un irresponsable poniendo en riesgo vidas.
Formativa: No existe educación vial desde la infancia. La licencia de conducir, cuando se exige, se obtiene sin verdadera formación. Muchos motorizados nunca han rendido una prueba teórica o práctica.
Institucional: Las autoridades han perdido autoridad moral y operativa. La aplicación de las ordenanzas es intermitente, discrecional y muchas veces corrupta. Un motorizado sin casco, placa o documento sabe que con "una colaboración" seguirá su camino.
Estructural: El sistema de transporte público es deficiente. Muchos jóvenes optan por la moto por necesidad, no por gusto. Es el único medio de transporte accesible para movilizarse al trabajo o estudio.
El círculo vicioso de la injusticia
Lo más grave es cómo esto genera un efecto dominó de injusticias:
· El motorizado irresponsable choca contra un vehículo particular.
· La policía retiene el carro particular, muchas veces exigiendo pagos indebidos para liberarlo.
· El conductor del vehículo queda detenido, enfrentando un proceso judicial mientras el verdadero causante, muchas veces menor de edad, queda libre por "fuero" o porque "no tiene responsabilidad penal".
· Los hospitales colapsan atendiendo fracturas, traumatismos y muertes violentas que pudieron evitarse.
· Las aseguradoras se niegan a cubrir siniestros donde no hay licencia, o los costos se disparan para todos.
¿Hay salida?
La solución no será sencilla ni rápida, pero es impostergable:
1. Fiscalización efectiva y pareja: No más controles discrecionales. Operativos permanentes donde se exija casco, placa, documento y licencia a todos, sin excepción. La ley debe aplicarse igual al hijo del alcalde que al obrero.
2. Consecuencias reales: Las multas deben ser proporcionales y cobrables. La retención de vehículos debe ser por incumplimiento grave, no como mecanismo de recaudación ilegal. Los menores infractores deben enfrentar consecuencias educativas y comunitarias reales.
3. Educación vial obligatoria: Incorporar desde la primaria educación vial. Las escuelas de conducción deben ser reguladas y supervisadas. Obtener una licencia debe ser un proceso riguroso, no un trámite.
4. Responsabilidad familiar: Los padres que compran motos a sus hijos sin exigirles casco, documentos y formación deben ser corresponsables. No puede haber "permiso" para que un adolescente ande en moto sin supervisión.
5. Alternativas de movilidad: Mientras no exista transporte público digno, la moto seguirá siendo la única opción para muchos. Mejorar el sistema de transporte es también una medida de seguridad vial.
Una reflexión final
No podemos seguir llorando a nuestros jóvenes en funerales mientras permitimos que cada día se suban a una moto sin casco, sin documentos, después de haber bebido. La muerte en las calles no es un "accidente" cuando es previsible y evitable. Es una negligencia colectiva que debemos asumir como sociedad.
Cada conductor de moto que hoy circula sin casco está tomando una decisión: su vida vale menos que la incomodidad de usar el casco. Cada padre que permite a su hijo menor de edad manejar sin licencia está firmando un cheque al cobro que puede ser la vida de su hijo.
La autoridad debe recuperar su rol no como recaudadora, sino como protectora de la vida. Y la ciudadanía debe entender que el respeto a las normas de tránsito no es una concesión al gobierno, es un pacto con la vida propia y la de los demás.
Yaracuy, y Venezuela entera, no pueden seguir siendo un campo de batalla donde las motos se convierten en armas mortales por la irresponsabilidad. Es hora de actuar con decisión, con justicia y con humanidad. Cada vida perdida es una herida que nunca cierra.







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